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Thursday, February 08, 2007

Una historia con 3 finales

El sol apenas se dejaba entrever por las grandes y oscuras ramas de los árboles del parque El Ejido, en el fondo una gran multitud de personas en torno a la cancha de volley principal, junto a ella otra cancha sin muchas personas, pero con un partido por iniciar. A un lado un hombre recogía los 10 dólares reglamentarios a cada jugador, terminado ésto, el mismo hombre preguntó a los espectadores si alguno de ellos estaba interesado en apostar y fueron concretadas las apuestas. Una moneda lanzada al aire definió la ocupación de la cancha y el juez dio inicio al partido.

A las 17h40, cuando los seis jugadores ya se encontraban en la cancha, dispuestos 3 en cada lado, uno de los hombres gritó “bola”. En el extremo sur, el equipo lo integraban 3 hombres de entre 25 y 35 años, mientras que en el extremo norte el equipo estaba conformado por un hombre de aproximadamente 25 años, otro de 40 y un chico que aparentaba tener 15 años, quien era conocido como “el huevo”.

Tras una reacción equívoca por parte del equipo de “el huevo” se produjo un cambio a favor de los rivales. El viento levantaba el polvo del parque y el natural ruido de las hojas de los árboles se veía entorpecido por las conversaciones, gritos y la promoción de los vendedores que se encontraban ahí, éste intenso movimiento y ruido también se evidenció en la cancha, los jugadores se extremaban al máximo, y una equivocación en la posición fue aprovechada para anotar un punto para el equipo del chico.

Al igual que un péndulo, la bola tenía un devenir continuo, en menos de 9 minutos el partido ya se encontraba 8 a 4, pero a las 17h50 sucedió algo singular, tras una mala maniobra la bola tomó una ruta inesperada y dejó a uno de ellos con las manos extendidas. Las carcajadas no se hicieron esperar, “el huevo” no pudo ocultar su vergüenza e inmediatamente su rostro tomó una tonalidad colorada que contrastaba con su piel trigueña oscura. Un hombre del otro equipo aún riéndose solicitó la bola exclamando cambio y reinició el juego.

La concentración del público fue interrumpida por la ronca voz de un hombre que gritaba ¡diario!, quien aparentemente había tenido buena acogida pues ya le restaban pocos periódicos, en la cancha los jugadores continuaban atentos para evitar perder ningún punto.

La adrenalina, los deseos de ganar y el dinero apostado desataron una riña a la 17h57, el conflicto se produjo porque un equipo aseguraba que la bola cayó dentro de la línea, mientras que el otro sostenía que cayó fuera, los reclamos al juez fueron de ambas partes, finalmente se adjudicó el punto que marcó el final del set a favor del equipo de “el huevo”, con un marcador de 15 – 4.

Tuvieron apenas un par de minutos para refrescarse, bebían y se lanzaban algo de agua a la cara, parte de ésta caía y otra se evaporaba a los ojos del tímido sol de la tarde.
“!Saca bien!” dijo uno de los jugadores a su compañero, siendo las 18h00. Empezó el segundo set.

Algo turbó el ambiente, un intenso olor a café, naranja e inclusive avena se hizo presente, entonces se empezaron a escuchar los primeros sorbos y el movimiento de las mandíbulas y dientes; sin embargo la caída de la bola sobre uno de los kioscos regresó a los distraídos abruptamente al partido, cuya situación se había invertido puesto que, quienes perdían en el primer set iban arriba con un resultado de 7 – 4, pero la recuperación del rival vendría pronto, gracias al buen trabajo en equipo que para las 18h06 ya lograron marcar el empate 11 - 11.

A las 18h08 se produjo otra discusión, mientras se escuchaba una negociación que trataba si el partido se mantenía hasta el 15 o si se alargaría hasta el 20.
Continuó el juego, los siguientes puntos fueron disputados al máximo.

Se jugaba el último punto, el partido estaba empatado. A las 18h14, el saque fue efectuado por el hombre de aproximadamente 40 años, compañero de “el huevo”, con un acrobático movimiento un miembro del equipo contrario se zambulló en el suelo y logró tocar la bola a su compañero, quien respondió acertadamente; entonces “el huevo” tocó la bola a uno de sus compañeros y éste se la regresó, pero el chico no pudo elevarla lo suficiente y la bola caprichosamente y con dificultad cayó al lado de los rivales dejándolos sin movimiento alguno. Culminado el partido, a las 18h16 empezó el pago de las apuestas y el “pago de bola” por parte del equipo ganador.
Simultáneamente se marcaban los finales del partido, de la tarde y de esta crónica.

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