Un espacio de observación y diálogo con personas que tienen algo que contar o revelar...

Wednesday, October 21, 2009

Fin de año entre auriculares y computadoras

Paúl, un joven de 24 años relata cómo fue su experiencia de trabajar la noche del 31 de diciembre en un call center.

Son las 19h20 del 31 de diciembre. Paúl se despide de su familia, sin antes quejarse con su madre por estar de turno precisamente esa noche.
“¡Qué lata, si al menos me hubiera tocado el turno más temprano o hasta las 10, sería otra cosa!”, dice él con tono resignado.
Sale de su casa, y da un último vistazo al ‘año viejo’ que armó en la tarde con sus hermanos. Cruza la avenida 10 de Agosto y advierte que la parada de autobús está desolada. Espera algún taxi que le conduzca a su lugar de trabajo.
“Era la primera vez que trabajaba la noche del 31 de diciembre y fue muy triste porque mientras iba en el taxi oía la música a full volumen veía las calles cerradas con gente disfrazada bailando“.
Con un par de minutos de retraso debido a que encontrar un taxi fue complicado, entra a la sala llena de computadores y teléfonos. Se pone sus auriculares y contesta su primera llamada.

De la molestia a la nostalgia

Durante la noche no ha habido muchas llamadas, sin embargo Marcia, quien ya ha tenido turnos en esta fecha lo exhorta y dice: “Ahorita casi nadie llama, para ya vas a ver Pool cómo se pone la gente desde las once y media. Llaman como locos y como la red se satura es peor…”.
Mientras la noche transcurre Paúl al parecer se queda mirando el monitor de su computador, pero no toma contacto ni con el teclado ni con el mouse.
“En ese momento estaba molesto y pensaba en que quería estar con mi familia en mi casa. Recordaba cómo quemamos el ‘viejo’, cómo casi me atoro al comer las uvas”. La molestia se convirtió en nostalgia.
La sucesión de recuerdos de años pasados fue interrumpida por la queja de un usuario que no tenía activado el servicio de MMS.

No es nuestra culpa…

De vuelta al mundo de la telefonía y de las comunicaciones, recibió unas cuantas llamadas más. Al cabo de media hora el teléfono timbraba cada vez en menor intervalo de tiempo. Las quejas por problemas en la comunicación eran recurrentes y se extendieron durante una hora más.
“Fue complicado porque como hay una saturación de las comunicaciones y la gente no se puede contactar con su familia, nos llama y se quejan por eso. Como si nosotros tuviéramos la culpa”.

¡Feliz año!

Apenas quedó algo de tiempo libre, los abrazos y buenos augurios entre los compañeros no se hicieron esperar y claro, la llamada a la familia y amigos. Aún faltaba una hora para terminar el turno e ir a casa. A las 2 de la mañana Paúl salió y en el trayecto a su hogar desde la ventana del taxi solo divisó escombros aún humeantes. Ya es 1 de enero.

Labels:

0 Comments:

Post a Comment

Subscribe to Post Comments [Atom]

<< Home