Los $6 que cambian una vida
Para algunos el amor es un eterno deseo insatisfecho, pero hay quienes prefieren pensar diferente y asumen el riesgo de creer en esta fantástica comunión y llevarla a instancias legales.
La mañana de aquel lunes se presentaba incierta, desde el clima hasta lo que estaba en juego dentro de la oficina. La sala de matrimonios del Registro Civil es un lugar de tránsito contínuo. La atención de los transeúntes, mayoritariamente femeninos, se centraba en una cartelera que exhibía los requisitos para contraer nupcias.
Extranjeros residentes, no residentes, divorciados, viudos, menores de edad, miembros de las fuerzas armadas o de la policía y solteros, todos tienen diferentes requerimientos para contraer matrimonio.
En el interior de la sala, la tensión era palpable: caras graves, miradas esquivas distribuidas en las tres columnas de asientos que también eran testigos de espera.
En los primeros asientos se disponía a sentarse una joven pareja que no pasaba de los veinte años acompañada de algunos miembros de su familia. Ella vestía una chaqueta blanca. El usaba un buso de lana igualmente blanco. Hace un par de minutos acababan de entregar sus documentos en la sala 1. Tomados de la mano aguardaban ser llamados por algún funcionario de la entidad que oficialice su unión.
Cambio de escenario. En la parte posterior el taconeo incesante de unos zapatos revelaba ansiedad. Una corta conversación con el guardia reveló la procedencia caribeña de aquella mujer, quien continuó caminando en dirección a dos hombres que se encontraban a un costado de la sala. El segundo testigo no llegaba.
El llamado de una voz grave irrumpió con las silenciosas conversaciones. Varios dirigieron su mirada a la sala 3 en espera de ser los siguientes. El encargado se retiró la mascarilla de la boca y repitió nuevamente: “matrimonio Gutiérrez Vela”. Pero nadie respondió. Entre risas, un adolescente murmuraba ¨se arrepintieron”.
En el suelo, algo estropeado deambulaba un flyer de una casa comercial. El joven del buso blanco lo tomó y revisó las generosas ofertas de los llamados combos de electrodomésticos. Discretamente lo dejó caer de nuevo en el suelo.
Se acercaba el medio día. Los minutos transcurrían y el ansiado llamado no llegaba. Pero el amor nunca pierde la esperanza, de repente tres palabras lo iluminan todo. El tiempo se había suspendido.
Labels: matrimonio en el registro civil

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