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Wednesday, October 21, 2009

Miguel Betancourt: Pintar revela la postura del ser humano ante la vida

Nació hace 51 años en Cumbayá. En 1976 realizó un curso de pintura en el Milwaukee Art Center (EEUU). Estudió Pedagogía y Letras en la Universidad Católica. En 1988 recibió una beca para efectuar un postgrado en arte en la Universidad de Londres. En 1993 recibió el Premio Pollock-Krasner.

¿Su aproximación a la pintura se da a una edad temprana o a partir de su relación con la literatura?
A una edad temprana. Los árboles fueron mis primeros amigos y mi primer motivo en la pintura. Mi interés fue un autodespertar y de eso tengo conciencia porque recuerdo que hacía graffitis, esgrafiados en el patio de mi casa, en la pared, en los árboles.

¿Su primera exposición formal la realizó en el Ecuador o fuera del país?
Fue en Quito en 1981 en la galería Gorívar que quedaba en la Jorge Washington y Amazonas. Mi exposición fue bautizada por mi maestro, Oswaldo Moreno.

Usted ha tenido reconocimientos por su trabajo a nivel internacional, ¿a qué cree que se deba que ésto se de en mayor medida fuera del país?
No he tenido muchos reconocimientos, pero ha habido uno que otro. Pienso que afuera hay muchas más instituciones que ofrecen posibilidades. Aquí no hay instituciones que ofrezcan este abanico de oportunidades.

¿El Bosque Incesante es una recopilación de las obras que usted ha producido durante su actividad como pintor?
Mi obra no es ni una exposición antológica ni una retrospectiva. Esta exposición aglutina dos secuencias de manera accidental. Una parte son trabajos en acrílico y acuarela sobre cartulina que recorrieron Europa. Cuando las pinturas regresaron al país decidí hacer una amalgama de esto sumado a lo que estoy haciendo ahora. Así surgió El Bosque Incesante.

¿Se podría hablar que en su obra se evidencia una evolución del artista y del ser humano?
Me atrevería a decir que sí y prueba de ello es que durante este tiempo me transformé en padre y esto me ha ayudado a conectarme más con el mundo. En términos artísticos, eso es más visible. Además, uno se va tornando más viejo, sereno, mesurado y eso claro es parte de la maduración.

Refiriéndome a su obra El Bosque incesante, ¿el árbol es una metáfora de la vida?
Completamente. El árbol es una analogía del ser humano. Por otro lado, el árbol es nuestra casa, es la salvación. Por ejemplo, la secuencia Selva Ojival (1992), plantea la relación del árbol con el templo gótico.

Si el árbol es la metáfora de la vida, para usted ¿cuál sería la antítesis?
La destrucción de esa vida, de ese árbol.

¿La ha plasmado?
No estoy en la fase de pintar cosas eminentemente trágicas, pero sí lo he hecho. Pintar revela la postura de un ser humano ante la vida.

¿Qué caracteriza al arte ecuatoriano actual?
A diferencia del arte con corte realista-socialista de los años setenta, el actual es heterodoxo, es libre.

Si tuviera la oportunidad de sustraer una obra de arte y llevársela a su taller por una noche. ¿Qué obra escogería?Varias… (risas). Podría ser La noche estrellada de Van Gogh porque es altamente poética. Otra obra podría ser, al menos déjeme que escoja dos…

Claro, tómese esa licencia.
Las señoritas de Avignon de Pablo Picasso. Eso incluso se me ha pasado por la mente antes que usted me haga esta pregunta…

Como pintor, ¿cuáles son sus límites?
Mi límite es la ausencia de la creación, cuyo sinónimo podría ser la muerte.

Alguna vez le preguntaron a Frida Kahlo si su pintura es surrealismo del más alto nivel. Ella respondió: Yo no pinto sueños, pinto mi realidad. ¿Qué pinta Miguel Betancourt?
También pinto mi realidad. Pintar árboles refleja de manera lúdica y genuina los elementos que me circundaban cuando era niño. Los árboles para mi tenían voces, movimientos, sonrisas, tristezas, tenían vida.

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